El cinismo de Maduro y su falso discurso sobre derechos humanos
Vierne5. / Editorial.
El verdugo que se disfraza de víctima

Si hay algo que resulta más que insultante para cualquier venezolano de bien es escuchar a Nicolás Maduro pontificar sobre derechos humanos. Verlo victimizarse y denunciar supuestos atropellos contra migrantes, detenidos sin debido proceso y crímenes de lesa humanidad es una muestra grotesca de cinismo. Un espectáculo indignante que solo sirve para reafirmar lo que todos sabemos: Maduro es el líder de un régimen que ha convertido la violación de derechos humanos en una práctica sistemática, en una herramienta de dominación y terror.
Desde esta tribuna preguntamos: ¿será que el dictador por fin garantizará el debido proceso a los miles de venezolanos secuestrados en sus mazmorras? ¿Cederá en su política de aislamiento y permitirá que los presos políticos tengan acceso a abogados de confianza? ¿Será que está dispuesto a dejar de usar la tortura como mecanismo de control y castigo?
Las respuestas a estas preguntas ya las conocemos. No hay que ilusionarse ni por un segundo con que este régimen se apartará del camino que ha seguido durante años. Maduro y sus secuaces no gobiernan a través de la justicia ni la legalidad, sino a través del miedo, la represión y la mentira.
Un régimen que encarcela, persigue y asesina
Es difícil creer que Maduro pueda siquiera mencionar la palabra “derechos humanos” sin que el peso de su propia hipocresía lo derrumbe. Hablamos de un régimen que ha hecho de la detención arbitraria una rutina; de la tortura, una política de Estado; de la desaparición forzada, una estrategia de guerra psicológica contra quienes se oponen a su gobierno.
En Venezuela, hablar en contra del chavismo puede significar una condena sin juicio, una celda de castigo, la negación de atención médica, el aislamiento absoluto. Ahí están los testimonios de quienes han pasado por El Helicoide, La Tumba y otras cárceles del horror. Prisioneros políticos, militares leales a la Constitución, activistas, periodistas, estudiantes… Todos ellos han sentido en carne propia la brutalidad de un régimen que se atreve a pedir “justicia” para otros mientras sigue oprimiendo a su propio pueblo.
El doble rasero del chavismo
Maduro y su círculo de poder han dominado a la perfección el arte del doble discurso. Condenan supuestas violaciones de derechos humanos en el extranjero mientras en Venezuela censuran, reprimen y encarcelan a quienes piensan diferente. Denuncian la falta de debido proceso en otros países, mientras aquí fabrican juicios, inventan pruebas y condenan sin defensa a cientos de ciudadanos inocentes.
El chavismo es, en esencia, un aparato de propaganda diseñado para disfrazar la realidad. Se victimiza cuando le conviene, desvía la atención cuando se siente acorralado, inventa enemigos externos cuando su poder tambalea. Pero la verdad es una sola: Maduro y su régimen han sumido a Venezuela en una de las crisis humanitarias más devastadoras de la historia reciente, obligando a millones de venezolanos a huir de su propia tierra.
La única salida es la justicia
Desde esta tribuna lo decimos sin titubeos: el único destino posible para Nicolás Maduro y su cúpula criminal es la justicia. Justicia por los asesinatos, por las torturas, por los desaparecidos, por los presos políticos, por los exiliados, por cada venezolano que ha sufrido a causa de este régimen.
Que no se engañe nadie: no hay maquillaje propagandístico que pueda ocultar la realidad. No hay discurso que pueda borrar los crímenes de lesa humanidad que han cometido. Su tiempo se acaba y, cuando llegue el día de rendir cuentas, no habrá excusa ni manipulación que los salve.
Mientras tanto, el pueblo venezolano sigue en pie. Resistiendo. Luchando. Porque, al final, la historia no la escriben los tiranos. La historia la escriben los valientes.
Vierne5. / Editorial.
Victor Julio Escalona
Editor.

